En 2005, M83 pasó de dúo a proyecto unipersonal. Quedó Anthony Gonzalez y desaparecieron los pulsos dance que -no cabe duda- imprimía Nicolas Fromageau, naciendo así un nuevo M83, uno que ya se dejaba intuir en los cortes más atmosféricos de ‘Dead Cities, Red Seas & Lost Ghosts’ (2003). Emerge en ‘Before the Dawn Heals Us’ el envidiable talento y buen gusto de Gonzalez para manejar paletas y recursos, pasados y presentes. Y así es que asistimos a algo verdaderamente renovador. Además de ello, se mueve con gracia por el peligroso campo de los ambientes, donde lo ridículo y lo redundante son áreas a menudo transitadas. Pese a que persisten cierta monotonía y reiteración melódicas -debilidad patente en M83-, Gonzalez se nos muestra capaz de concretar algo más sus composiciones y corrige parcialmente su tendencia a la prolongación gratuita. Carece de un repetorio tan pegadizo como el de ‘Saturdays=Youth’, pero lo suple con esa épica sedosa que sólo hallamos en la electrónica equilibrada. Y es que Gonzalez anda sobrado de mesura y sentido de la proporción; esta es otra de sus maravillosas fantasías de laboratorio.
Mario Vírico

Se me ocurren diversas maneras de empezar esta microcrítica. Podría empezar hablando de la maravillosa voz de Linnea Jönsson, más cercana a la de las líderes de aquellas grandes bandas de pop coral femenino de los 60, que a las del pop independiente actual. Podría luego seguir con la inocencia, sencillez y espontaneidad que desprende su primer disco. Podría decir que incluso parecen un producto de marketing debido a la perfección con la que acometen ese pop, tan fácil e infantil a priori, pero que no siempre es fácilmente asimilable en un primer acercamiento. Podría tal vez afirmar que parecen salidas de un catálogo de H&M debido a su insultante juventud y primaveral aspecto. Y, sin duda, acabaría diciendo que, In Our Space Hero Suits, es uno de los mejores discos de Pop que he escuchado recientemente. Y, sobretodo, es que son tan guapas…
Milgrom
Los muy neoyorkinos The Virgins van a conquistar el mundo. Ya telonearon desde bien pronto a gigantes como Sonc Youth o Patti Smith. Después firmaron con una major como Atlantis. Y ahora, con su primer y homónimo álbum en las estanterías de coolhunters y pinchadiscos de clubs estilosos, se han lanzado definitivamente a la tarea. Pero no se equivoquen. The Virgins no venden (sólo) humo como aquellos nefandos Maroon 5. Su indie-funk electrónico es comercial, pero lo es en el mejor de los sentidos: sus melodías son pegadizas, infecciosas, eclécticas y ultrabailables -remiten a los Talking Head, los Rolling Stones de finales de los 70 y los pasajes más sosegados de The Strokes- y sus letras glosan los encuentros sensuales y proezas a la luz de los focos que a todos nos gustaría protagonizar antes de que la resaca nos atrape. Hasta parece que asumen su propia levedad y falta de pretensiones con un álbum que dura poco más de treinta minutos. Mainstream para las élites, sí. Pero del de la mejor calidad, oigan.
Dr Zito
Precedidos por una larga lista de remixes para grandes nombres – Klaxons, New Young Pony Club, Tiga- y un par de estupendos singles, el megahit Kelly y Strangers, Van She se habían construido pasito a pasito su propio hype, ayudados también por su pertenencia a la efervescente escena del electrorrock australiano – Cut Copy, The Presets, Ladyhawke o Grafton Primary. La llegada de su primer álbum nos revela que este cuarteto de polluelos de las antípodas debería haberse quedado detrás de la mesa de mezclas. Porque aparte de los cortes ya publicados con anterioridad, V es un disco con más relleno que un wonderbrá. Un disco que despliega todos los tics propios de su estilo -un vocalista doliente, letras hipersexualizadas, sintetizadores omnipresentes- pero que lo hace siguiendo formula, tras formula, tras formula, dando como resultado un álbum anodino y olvidable, pero sobre todo aburrido. Y eso no se lo debemos perdonar a nadie.
Dr Zito
El retorno de Almodóvar es el retorno al cine personalísimo y visualmente arrebatador de su autor. Al peso de los actores, inconmensurables en su mayoría, pese a lo accesorio de su rol en ocasiones (¿tiene algún sentido el personaje de Blanca Portillo?). El retorno a un manejo de referentes cinematográficos de una destreza tal que deberís hacer palidecer a cualquier otro director nacional. Pero Los Abrazos Rotos es también una película alambicada, horadada por pasadizos inacabados y disgresiones que no conducen a ninguna parte. Lo que podría haber sido la desoladora búsqueda de una mujer perdida en el pasado, una especie de Cesarea Tinarejo del celuloide, queda reducido en unas escenas fugaces y brillantes, eso sí, que en su conjunto no alcanzan a significar demasiado pese a sus certeros apuntes sobre la ficción, la mentira femenina y sobre cómo el deseo masculino se construye sobre ellas. Y aunque la película zozobre en su tramo último y concluya con un final que debería haber sido otro, el decimoséptimo Almodóvar es un torrente de hermosas imágenes que además de múltiples reflexiones y emociones ofrece un magnifico repaso al pasado reciente de este país y al de su propio autor.
Dr Zito
Los británicos White Lies se encuentran en el punto intermedio de la distancia que media entre el interiorismo oscuro de Joy Division y los himnos llenaestadios de U2. Porque sin las cripticas letras de Curtis y compañía, sólo invocando a la épica uno puede recitar un estribillo tan transparente como “Let’s grow old together and die at the same time” sin que se le caiga la cara de vergüenza. Y es que como ocurre con otras propuestas que practican similares piruetas ochenteras, el alcance de To Lose My Life depende de la disposición de quien los escuche a seguirles el juego. Pero no nos engañemos. White Lies han sido calculados para triunfar. Sus sintetizadores quieren conquistar el mundo. Su orquesta, tomarnos al asalto. Menos grandilocuentes que The Killers pese a todo y menos sombríos que Interpol o Editors, han ajustado lo suficiente en cada frente para poder agradar a todos (o a ninguno). Aunque en los tiempos lentos se muestren algo insufribles, la elección permanece ahí. Fulgurantes o huecos. Lóbregos convencidos o impostados. De ustedes depende. Este microcrítico, gracias a cortes como Death o Farewell to the Fairground, dice sí.
Dr Zito
The International es un thriller político con cierto sabor a cine setentero (Los Tres Días del Cóndor o El Último Testigo especialmente) actualizado con ecos de la Trilogia Bourne en cuanto a los decorados y el reparto europeos y con la impronta de la maligna Quantum en el IBBC, el banco más allá de la justicia alrededor del que gira la trama. Porque los villanos de nuestros tiempos no son ni corporaciones ni gobiernos totalitarios sino los banqueros que usan como secreta arma de dominación y servidumbre el dinero y la deuda que éste conlleva (ya nos avisó Fight Club, recuerden). The International ahonda con nervio en estas cuestiones tan actuales y discurre por territorios más de ideas que de emociones porque Tom Tykwer, que se desenvuelve siempre con soltura, se circunscribe casi por completo a los códigos génericos esperables y solo de vez en cuando (como por ejemplo en la electrizante secuencia en el Guggenheim) apunta la personalidad que mostró en Corre, Lola, corre. Y de paso, confirma a Clive Owen como el el Jason Statham del cine de acción cerebral.
Dr Zito
Cualquier que conociera el comic de Moore y Gibbons y cómo viene funcionando la industria del cine podía predecir que la adaptación de Watchmen no iba a tener un resultado feliz. Sin embargo, tampoco se la puede acusar de lo contrario. Porque el Watchmen de Snyder es un mamotreto inmenso, extrañísimo, plagado de contradicciones, delirios camp y arrebatos gore que se mezclan con voces en off y plúmbeos monólogos calcados de su fuente, que muestra a ráfagas el nervio de su realizador y su talento para el exabrupto y que en otros momentos se ralentiza hasta lo exasperante para mostrarnos lo milimétrico de una fidelidad al original casi de postal. Quien no esté familiarizado con el cómic encontrará Watchmen indescifrable. Quien lo esté, no podrá salir de un deja vu constante. Porque sepultado bajo tanto material y expectativas, Snyder solo acierta a aportar de su propio puño su acostumbrada diatriba conservadora-filogay y un excelente repaso al siglo XX en lo histórico (los créditos, magistrales), en lo musical y en lo cinematográfico (Kubrick, Coppola, Scorsese) con tantas referencias y capas que solo el visionado domestico del anunciado y aún más mastodóntico montaje final podrá dimensionarla correctamente.
Dr Zito

El humor actual en España, en muchos casos, adolece de una falta de seriedad tremenda. Creemos equivocadamente que hacer reír es simplemente gritar, hacer el tonto y decir disparates o, como en el caso de Muchachada Nui, nos inventamos etiquetas artificiosas como el post-humor, cuando sus gags no nos hacen reir y no queremos ser tildados de anticool. La idea de una adaptación no es mala. Hay gente joven suficientemente preparada. Pero el resultado de la propuesta de Cuatro se antoja hasta el momento, lamentable y poco seria, manejando las mismas referencias humorísticas que un prepúber. Los guionistas, por su parte, se muestran mediocres descontextualizando las referencias y elaborando nuevas reinterpretaciones del esketch original. No hay el suficiente conocimiento de la cultura popular, tanto americana como española, para llegar a una adaptación creible. No hay ritmo, ni punch en las escenas e interpretaciones. Y los actores, que se limitan a gritar, intentando destacar por encima del compañero y olvidándose de interpretar y dialogar; crean así una cacofonía ininteligible en demasiados momentos. Sí éste es el futuro referente del humor, que vuelva Mariano Ozores. Él si sabía lo que hacía.
Milgrom
Desafortunadamante parece ser una regla no escrita que el segundo disco de una banda ha de ser más elaborado que el primero. Que ha de haber una evolución hacia lo intrincado que demuestre al público que los hallazgos del debut no fueron casuales. Dejando de lado que esta regla pueda ser razonable en ocasiones, el resultado de seguirla cuando ese primer esfuerzo brillaba por su inmediatez y frescura es con casi total seguridad un fárrago. CSS, Cansei de Ser Sexy, se habían instalado en nuestros cerebelos y poseído nuestras piernas gracias a sus pegadizos tonos, a su salaz electropop, sus teclados ingenuamente bellos, a su electrónica de Super Mario y al descaro maravilloso de Lovefoxxx, su vocalista. Pero en Donkey el sexteto paolista ha decidido cumplir la regla de marras y al hacerlo se han desactivado a si mismos. Porque aunque al álbum no le falten destellos (Jager Yoga) y fogonazos (Move), CSS acaban pareciéndose a unos Veruca Salt sin gravedad ni guitarrazos ni nada que les distinga de otras mil bandas del planeta. Y es que el que una canción que se titula Let’s Reggae All Night no nos produzca ni el más mínimo aumento de temperatura corporal es un síntoma que lo resume todo.
Dr Zito
La segunda parte de la “Tetralogía de la Muerte” de Gus Van Sant, coronada por Paranoid Park, nos empuja hasta la duda ontológica: ¿Qué es esto? ¿Qué es lo que estamos presenciando? La deconstrucción narrativa, las historias paralelas que se imbrican, que avanzan, retroceden, los diálogos que apenas percibimos, el lenguaje documental y los prolongados tracking shots tomados directamente del impactante telefilm de Alan Clarke de idéntico título, plantean y congelan esa incógnita. Nos la devuelven. Nos la tiran a la cara. Nos fascinan con ella. Hasta que la muerte, en forma de dos chicos, aparece en mitad de todas esas tramas y las interrumpe, las secciona, las relativiza, las hace absurdas. Se le pueden reprochar a Van Sant sus torpes apuntes sobre las posibles causas de la masacre -televisión, armas, videojuegos- cuando de hecho ha construido en el instituto escolar un escenario de horror puro y ha apuntalado un nihilismo aún más terrorífico. Un defecto menor, quizá debido a la cercanía en el tiempo entre Elephant y Columbine. Pero la imagen del chico abrazado a su padre alcohólico y perdido mientras ambos presencian la tragedia final nos demuestra que los fragmentos pueden ser más grandes que la suma.
Dr Zito
Vuelven Franz Ferdinand con un álbum que, como You Could Have It So Much Better, es de combustión lenta, que deja completamente de lado el revival post-punk y que además propone articularse en torno un concepto: La nocturnidad. Así su inicio fulminante (el trío Ulysses, Turn it On, No You Girls) mezcla el dandismo gamberro de Kaiser Chiefs con la vocación disco de The Rapture para evocar las expectativas de los preparativos, la camaradería de pista de baile, la sensualidad de los fines. Después se calma, y se retoma en una tercera rabiosa parte que comienza con Bite Hard y culmina con los tres minutos de paroxismo electrónico de la algo fallida Lucid Dreams, antes de dar paso a la resaca de los dos últimos cortes. Y tras ese ciclo que va del anochecer al amanecer y todos esos episodios de entusiasmo, furia, estupor y bajona, permanece cierta insatisfacción. Cierta sensación de que “it could have been so much better“. Pero también la certidumbre de que Franz Ferdinand merecen ser escuchados, al contrario que coetáneos suyos como Bloc Party, en encefalograma plano, o The Killers, perdidos en su propio ombligo. Franz Ferdinand han llegado hasta aquí para quedarse. Y solo podemos felicitarnos por ello.
Dr Zito

Elton John perdido en la carretera de baldosas amarillas, Freddie Mercury en una rapsodia de falsa bohemia. Así es Axl Rose y así ha sido siempre. El One Man Army que es la formación actual de los Guns se ha lanzado cuesta abajo hacia la delgada linea que separa lo sublime de lo ridículo. Todo en este disco es grandilocuente, extremo, epatante,y sobretodo generoso en momentos kitsch. Y es que el tiempo discurre en otro continuo para Rose, más centrado en mostrar lo genial que hay en su cabeza, que en preocuparse de la actualidad sonora de los tiempos que corren. Y así hay que entender Chinese Democracy: como una obra fuera de su espacio-tiempo pero no por ello atemporal, disfrutando del viaje a la mente del genial sociópata en su esquizofrenia egomaníaca de eterno fan del exceso, víctima de su (des)esperado regreso al retrofuturo musical
Milgrom















