El “cine social” siempre debió ser como esto. Alejarse de los aceituneros altivos, las pobreza digna y las putas bondadosas para abrazar la suciedad y franqueza que siempre tuvo el cine negro y asi retratar la avaricia y la rabia que alimentan la condicion humana. The yellow sea no es ejemplar a este respecto porque las motivaciones de sus personajes son confusas o simplemente irrelevantes, pero si lo es en cuanto a su ejecución, nerviosa y excesiva, que retuerce la gramática de Michael Mann a la hora de representar la ciudad en digital y la convierte en un lugar asixiante, horrendo, pantanoso, por el que se mueve el protagonista ese hombre al que todos golpean, poderosos, mezquinos, estupidos, sin que nunca llegue a dar pena. Y entre esas dos horas y media de hachazos, persecuciones, estocadas, ropa harapienta, cacharros sucios, y pensiones de mala muerte que pasan como un suspiro, sobresale el perfil de un hombre sobrepasado y abatido, orgulloso y fuerte, como lo son aquellos que no tienen nada que perder, que hará lo que tiene que hacer y terminará como tiene que terminar porque no hay salida cuando se vive en el país de los hombres malos.
Dr Zito
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