Con Melancholia, Lars Von Trier escarba una vez más en su obsesión con la locura y la relación entre géneros y construye un retablo brillante apuntalado sin pudor sobre dicotomías y opuestos, la mujer solar contra la mujer lunar, Claire y Justine, la una delgada, oscura, familiar, grave, la otra rebosante, rubia, demente, leve, que ejecutan una danza de la muerte, la misma que trazan las órbitas de la Tierra y el planeta Melancholia, de cuya colision el hombre es a la vez verdugo y vícitma, en una nueva oposicion entre el hombre adulto (Kiefer Sutherland), eficiente y racional, y su hijo, inocente y contemplativo ante esas fuerzas incomprensibles e imparables. Óleo de Van Eyck, lienzo de los Prerrafaelitas, nueva visita a El año pasado en Marienbad, oda al romanticismo wagneriano, Melancholia acude al espacio sideral no para ilustrar la aurora de una nueva humanidad como en 2001: Una odisea en el espacio o para intentar reconciliarnos con nuestra contingencia como en El arbol de la vida sino para abrazar la indiferencia cósmica y la fatalidad. Puede que Melancholia no sea más que un capricho manierista, pero lo cierto es que Von Trier ha creado una obra de belleza infrecuente y sublime.
Dr Zito.
Dejar un comentario hasta ahora
Deja un comentario




