El cómic se enfrenta ahora un momento crucial. Con la velocidad de cambio que internet ha desarrollado en los últimos años, lo que antes eran elementos imperecederos ahora caducan con excesiva rapidez y las editoriales viven de crear esos grandes eventos de hype donde prometen que, esta vez sí, nada volverá a ser lo mismo. La última jugada es este reboot de la continuidad de DC, lo que implica la aparentamente sacrílega decisión de dejar a un iconoclasta como Grant Morrison llevar al bendito origen del superhéroe moderno a nuestros días. El resultado es satisfactorio en la medida en la que Morrison sabe mantenerse fiel a aquellas constantes clásicas que funcionan al margen de la época, pero deja ver las entretelas de decisiones poco inspiradas, como las pobres soluciones del dibujante Rag Morales que ejemplifican los vicios actuales. El nuevo Superman es más amenazante y activo como superhéroe, menos mesiánico, y su alter ego más juvenil de lo que el icono merecía, pero quién brilla con luz propia en este primer número es ese Lex Luthor que se prevee como un villano a la altura de estos tiempos tan descreídos. Como lo fue antaño. Y así, todo cambia para que nada cambie.
Henrique Lage
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