En otros tiempos, Scorsese era capaz de aceptar un encargo y desarrollarlo de forma espontánea, sabia y lúdica, verbigracia la gran Cape Fear, pero aquél Scorsese aún conservaba ese vitalismo suyo intacto, ajeno a la condescendencia banal de los estudios y que no hace mucho asomaba plumero en The Departed. Sin embargo, Shutter Island apesta, y ninguna de las virtudes más reconocibles de su director convalecen. Adapta un material literario poco interesante por sí solo, optando por una estética inocua, de un preciosismo barato y sin garbo y una fluidez formal que a menudo emula la superficie del cine de Kubrick. Para más inri, su entramado resulta plano y tópico, cuyas implicaciones psicológicas resultan igualmente endebles, además de pedantes. Esta película ya la habían planteado Shusett y O’Bannon (Dead & Buried), incluso Koepp (Stir of Echoes), y he visto episodios de “The Twilight Zone” o “The Outer Limits” más alambicados y originales, y aunque resulte muy preferible a cualquier Shyamalan, su grotesca larga duración empeora, y mucho, las cosas, sobre todo, su canónico y convencional desarrollo. Scorsese ha demostrado aquí que él también puede ser un pomposo gentleman hollywoodiense cualquiera.
Sergio Colmenar
Si Paul McGuigan fuese Jean Pierre-Melville y Paul Bettany, Jean-Paul Belmondo, Gangster No. 1 ahora gozaría de mayor reputación, contando con el beneplácito de ese crítico de cine con ínfulas que jamás diría nada bueno sobre ella. Pero McGuigan hace un trabajo aún más solvente, medido y contundente que cualquier Melville, y Bettany consigue tal contención en su interpretación que no sé yo si un joven Belmondo (ni siquiera un Alain Delon, más apropiado) sería capaz de igualar. Poned esto en boca de un crítico carca. Este tío perdería su trabajo y hasta sus amistades. Pero esto no es un puto polar, sino un poderoso drama inglés con corte del mejor cine noir europeo, que mira de reojo a Scorsese para acabar haciendo lo que le dé la puta gana. Brutal serenata shakesperiana y tragedia griega casi minimalista; historia de amor fou profundamente homosexual y salvaje cuento moral, con un Bettany aún mejor que su encarnación anciana, en la piel de un pasao pero soberbio Malcom McDowell, nunca tan cerca de su personaje en A Clockwork Orange. Un magistral peliculazo de culto sobre el mundo del hampa que deja a los últimos Scorsese y Tarantino al nivel de unos vulgares holgazanes de Hollywood.
Sergio Colmenar





