Resulta preocupante que una gran mayoría tienda a celebrar efusivamente productos tan rematadamente precocinados como Up in the Air con la entrega y la facilidad con que lo hace. Si en Thank You for Smoking y Juno Jason Reitman mostraba su inteligente ductilidad en el tema en cuestión, en Up in the Air parece querer sobrepasar el punto de partida guiando al espectador con grotesca vanidad y una afección hacia la benevolencia y la amargura tan fácil de asimilar como innecesaria y complacientemente subrayada. La culpa es en parte mía. Su premisa me la suda. Veo poco lúdico o interesante cómo se las gastan los encargados del trabajo sucio en la reducción de personal en empresas. Tampoco me dicen nada sus vidas, o la falta de ellas, el meollo del asunto en la película, cosa que recalca con excesivo cálculo y un sentido del humor burguesito insufrible. Sin embargo, mola que Hollywood tenga cada vez menos pudor en hacer retratos de féminas desalmadas y ridículamente conscientes (Vera Farmiga); les sale la vena misógina sin pretenderlo. Ten ya preparado el discursito para cuando recojas al calvorotas de Oscar, Reitman. Para eso suelen servir estos premios, para premiar mierdas bien escritas y dirigidas.
Sergio Colmenar
Obra inconclusa y masacrada por el público. Referente despectivo de un fandom que cada vez se parece más a una masa zombie -el hype de este tebeo, sus circunstancias y su influencia son dignas de estudio-. Y aun así, All Star Batman es un gran tebeo. Un cómic tan desequilibrado como vitalista e inteligente. Frank Miller es consciente de estar firmando un superventas con Jim Lee y utiliza esta tesitura no sólo para crear una relectura que actualice y enmiende el cómic-tipo de los 90, aprovechando y explotando la posibilidad de tener a quien tiene al dibujo. También para autoparodiar sus propias obsesiones habituales, liberándolas y otorgándoles un nuevo significado con el exceso. Esa autoconsciencia confiere al tebeo un aura de gran broma, de carcajada mediática. La lógica cede al espectáculo y a la provocación, pero sin abandonar un discurso bien perfilado: bajo ese Batman arrogante y chuloputas se halla un héroe demasiado humano y con más de una máscara encima. Este perfil, en principio ajeno, resulta una pieza crucial en la evolución de los trabajos que Miller le ha dedicado al personaje, así como una nueva perspectiva fascinante del mito. Y todo sin dejar de ser una macarrada adrenalínica, absolutamente pop y maravillosa.
El Gótico
Viendo District 9, no había sentido nada igual con una película de Sci Fi desde Aliens o Starship Troopers, e irónicamente, mencionando a Cameron, esta audaz y necesaria producción de Peter Jackson resulta el reverso tenebroso de Avatar, y sin embargo, rompe una lanza de paz gentil, honesta y humana respecto a la relación del terrestre (anti) heroico con el extranjero, a diferencia del truño de Cameron, donde era todo banalidad sentimental de cuarta. Pero District 9 va mucho más allá de Aliens o Starship Troopers. La amenaza es la raza humana corporativista, trepa y hostil, en obvia pero hábil metáfora coyuntural descrita como en un cómic trepidante de violencia gratuita y salvaje. Así, en medio de toda esa sordidez visual, un auténtico festín de escalofriantes torturas, mutaciones, sensacionalismo mass media, armas químicas, delirios antropófagos de nigeriano mal colocado y guerras de hambre y territorialidad en el gueto más chungo conocido, emerge una bondad reflexiva y una lectura del individualismo que harían las delicias del Spielberg más predispuesto y Cronenberg. Frenética, histérica, satírica, demoledora, grotesca, la puta obra maestra que nos merecíamos los fans del fantástico, la Sci Fi de acción y la hipérbole ultrasangrienta.
Sergio Colmenar






