La cima de ese humanismo que impregna gran parte de la obra de Barry Levinson se halla aquí. Pero para llegar a ese lugar uno debe perdonar la distante y técnica postura actoral de sus protagonistas: un Tom Cruise en incierta transición hacia la madurez que se movía con inusitada comodidad, y un Dustin Hoffman que con su parte editaba definitivamente la guía “Cómo ganar un Oscar® encarnando a un disminuido”, y pese a ello un derroche de genio expresivo indiscutiblemente conmovedor. Como siempre en Levinson, una marcada nostalgia, aquí sutilizada a través de referencias a un pasado familiar, ése que vertebra el conflicto emocional del film. Aspira al clasicismo, mientras que su intermitente y chirriante aura ochentera rebaja el alcance de sus objetivos. No obstante, el resultado es cuanto menos singular y, de algún extraño modo, brillante, lo que fluidifica su excesivo metraje. Además, cuenta con uno de los mejores scores de Hans Zimmer, antes de la triste industrialización que supuso su partitura para ‘Days of Thunder’.
Mario Vírico
2 comentarios por mucho
Deja un comentario
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>





Los putos tics de Tom Cruise, esos putos tics… me joden en parte casi todas sus películas.
comentario por cuvric Julio 10, 2008 @ 4:22 pmA mi me parece un peliculón. Emociona casi sin querer, y no es nada complaciente.
Y Tom Cruise también me gusta aquí.
comentario por spector Julio 10, 2008 @ 10:04 pm