Tomando como base (y algo más) a los ACDC más rockeros, Airbourne ha lanzado un estupendo disco de debut, lastrado tal vez por la mímesis hacia el grupo de los Young. Pero, lo que está claro, es que han mamado de donde tenían que mamar para que al escuchar sus temas no puedas impedir mover la cabeza. Riffs afilados, voces cazalleras, torsos desnudos, sudor y estribillos totalmente coreables a voz en grito es lo que vamos a encontrar aquí. Nada más. Rock sucio, simple y directo al sistema límbico. Lo mismo que llevan haciendo durante 35 años ACDC, lo mismo que llevan haciendo Mötorhead durante 30. Algo tan sencillo y a la vez tan dificil de encontrar hoy en día. Rock and Roll que no va a salvar el mundo, pero que sirve para dar una patada en la boca a tanta florecilla afectada que se cree que el rock nació y murió con Nirvana, que sirve para demostrar a los apologistas del nuevo revival del rock, que éste no se basa en llevar unos pantalones pitillos y vestir camisetas vintage de Iron Maiden de a 50 €; sino que se basa en coger una guitarra, aprenderse de memoria todos los riffs de Chuck Berry y filtrarlos por 50 años de música rock, poner el volumen al 10 y darle caña.
Milgrom
Si, salvando las distancias, ’Atolladero’ es el ‘Apocalypse Now’ de nuestro cine fantástico, ‘Making of’ es su ‘Hearts of Darkness’, su crónica desgarrada de todo lo que fue mal. Óscar Aibar no tuvo a una Eleanor Coppola que dejara constancia in situ de la catástrofe, pero su última novela es capaz de arrastrarnos hasta el centro del huracán, de hacer que sintamos casi en nuestras propias carnes la pesadilla que puede llegar a albergar aquello conocido como la Fábrica de Sueños. El autor estructura su exorcismo en escuetos capítulos (microcapítulos) que, progresivamente, van dando forma a un ‘Jardín de las delicias’ terrorífico y extrañamente divertido. No es casual que en un pasaje onírico coincidan Orson Welles y Paco Martínez Soria: ‘Making of’ es lo que pasa cuando el tren eléctrico más caro del mundo descarrila en la España profunda.
Noel Burgundy
Aquí Joe Dante sentaba determinadas claves personales que más tarde quedarían consagradas bajo la luz de ‘The Burbs’ o ‘Matinee’ y el incomprendido sello industrial que imprimía la deliciosa ‘Small Soldiers’: el juego, la infancia, la amistad… y una inédita y bien medida carga melancólica/nostálgica, que en ‘Explorers’ se erige como pilar de la función, encarnada en el físico del eterno Dick Miller. La idea de que sus tres protagonistas desafíen las fronteras de la realidad con la imaginación como arma principal dice mucho acerca de las intenciones de Dante, quien no puede resistirse a homenajear en clave paródica las drive-in movies sirviéndose de su otro actor fetiche, Robert Picardo. Un film en todo momento evocador y lleno de ingenio y sentido de la maravilla… que por desgracia toma un brusco giro hacia lo decepcionante en su ridículo tramo final, donde el guión de Erik Luke se muestra incapaz de solucionar la aventura en concordancia a la atmósfera previa del film. Un anticlímax en toda regla, que deshonra el esfuerzo y emociones que Dante invierte en sus tres primeros cuartos. Se trata, en cualquier caso, de uno de los trabajos más personales de Dante, como siempre bien vestido de película familiar e inofensiva.
Mario Vírico
Una de las películas del año. Vapuleada por las distribuidoras, vilipendiada y malentendida por decenas de críticos wannabe, “Before the devils knows…” es el canto del cisne del decano Lumet y un lobo con piel de cordero. Un film de apariencia canónica noir, sobre atracos, dinero y tullidos morales que, como ‘La Noche es Nuestra’ de James Gray, acaba despojándose de todo los elementos genéricos para mostrar su verdadera esencia, la de una tragedia griega, la de un drama familiar tan demoledor como una patada en el estómago, un drama protagonizado por un padre (Albert Finney) que espera a que su mujer está casi muerta para decirle “te quiero”, por una mujer trofeo (Marisa Tomei, impresionante), por un hermano babyface (Ethan Hawke, increíblemente verosímil como loser), y un hermano mayor, el monstruo supremo (Phillip Seymour Hoffman, colosal). Todos ellos reptan por una atmosfera que se va haciendo irrespirable por momentos, por un cenagal de secretos, traiciones, mentiras y silencios. Porque el mal está por todas partes. Unos se aprovechan de él. El resto sólo acaba destruyéndose.
Dr Zito
Alis (Pachi Delgado) tiene una cualidad extraña que para algunos será virtud y para otros defecto: su voz suena en ocasiones como lo habrían hecho la de los Pecos de haber tenido un revival en los noventa en clave indie… o como si Iván Ferreiro les imitara en un arrebato posñoñista. Ahí reside parte de su encanto y de su capacidad evocadora al tiempo que nos sitúa en terreno resbaladizo para los prejuiciosos. En lo musical, es innegable su facultad para crear atmósferas y conseguir canciones que parecen flotar en el espacio o en el fondo del océano, recorriendo sendas eléctricas que nos llevan de lo íntimo a lo épico en cuestión de tres minutos. Son continentes perfectos que se ajustan lubricados a unos textos que hallan en el minimalismo su razón de ser y al mismo tiempo su mayor lacra: a los fans de los retruécanos dramáticos algunas letras les sabrán a prosaísmo sólo porque se entienden a la primera escucha. Molesta su envoltorio de pack para fans en potencia, con sólo 9 temas nuevos acompañados de versiones y cortes en directo, pero es un disco que crea adicción. Palabra de MicroCrítico.
PJ Tena
Escuchar el nuevo álbum de Portishead ha sido la experiencia más irritante que este microcrítico ha tenido que sufrir en mucho tiempo. Casi tanto como escuchar a Jimenez Losantos tomándoselo en serio. Y es que los de Bristol han construido un conjunto de canciones sobre la base de la acumulación de estructuras ampulosas, de la confusión entre complejidad y profundidad, y sobre la arrogancia de quien se cree capaz de manejar mecanismos emocionales sin serlo. Beth Gibbons, supuesta musa de los indies con corazoncito, se esfuerza en aportar su pasión marca de la casa, y el resultado termina siendo más falso que una moneda de tres euros. “Third” convierte lo atormentado en farsa. “Third” es la impostación del sentimiento, porque suena a como los Portishead creen que suenan los sentimientos arrebatados, o aún peor, a como los Portishead creen que sus seguidores creen que suenan. No obstante, “Third” raya en lo aceptable cuando se acerca a lo electrónico (“Nylon Smile“) y alcanza lo notable cuando decide entrar de lleno en ello, como en el tema “We carry on,” aunque sólo sea porque masacra sin misericordia a los Silver Apples. Queda claro pues el significado de la portada de “Third“. P de pretencioso.
Dr Zito
“Tropa de Élite” disecciona con verismo inmisericorde la lucha contra el tráfico de drogas en el marasmo de las favelas de Rio de Janeiro. Para ello José Padilha toma el libro de André Batista, exmiembro de un cuerpo cuasimilitar antidroga, como punto de partida. El texto de Batista es también su principal rémora porque Padilha emplea una perenne voz en off y abrasa al espectador con la continua narración de los estados interiores del Capitán Nascimento. Una lástima, porque al margen de esos fragmentos tediosos, Padilha utiliza su bagaje en el documental para construir una obra de hiperviolencia política y de músculo visual innegable, con momentos de horror fantasmagórico, como el combate en las ruinas urbanas (profecía de las guerras del futuro) y otros casi berlanguianos en los que la corrupción policial generalizada queda al desnudo. Padilha además dispara en todas direcciones. A la podredumbre de un sistema que criminaliza al pobre y que responde a la violencia con violencia aún más extrema. Pero también a unas clases ricas que desde una progresismo hipócrita se vanaglorian de su preocupación por los problemas sociales mientras que al mismo tiempo los fomentan con cada raya que atraviesan en su pituitaria.
Dr Zito
Usher Raymond IV tiene un problema: él quiere ser Marvin Gaye, pero interpreta canciones que parecen hechas para pipiolos como Chris Brown. No deja de decir que este es un álbum que habla sobre la madurez, sobre su paso de niño a hombre, pero la credibilidad salta por los aires cuando se escuchan temas como el primer single, ‘Love in this club‘ (el peor sencillo inaugural de su carrera si exceptuamos el de su disco debut en 1994) o ‘What’s your name’, descaradamente orientados a (intentar) reventar las pistas de baile. Pero no todo está perdido: hay otros que sí se ajustan a esa intención de crecimiento y que funcionan como apuntes de lo que podría dar de sí Usher si dejara a un lado los fillers y la búsqueda a toda costa de posibles hits. Así, ‘Here I stand’ y ‘Will work for love’ son temas que deberían ser la línea a seguir y no estimables excepciones en un álbum en el que se podrían haber prescindido tranquilamente de demasiados cortes. En un término medio se encuentran ‘His mistakes’, ‘Something special’, ‘What’s a man to do’ o ‘Moving mountains’, que aciertan moderadamente a la hora de congeniar calidez con la pura mercadotecnia, algo a lo que, como mínimo, debería haber aspirado esta obra por completo.
PJ Tena
Un típico pueblecito norteamericano trata de hacer frente a la amenaza de unos murciélagos mutantes con ganas de comer carne humana. El sheriff de la ciudad y una especialista en quirópteros tratarán de acabar con tan peliaguda amenaza…
Cuando la serie B se disfraza de superproducción cargamos contra ella por su temerario descaro. “Mucho ruido y pocas nueces” o “para este viaje no hacían falta tantas alforjas” se suele decir. A veces con más mala leche de la necesaria. Cuando uno se enfrenta a ‘Bats’ no puede evitar sentir una innegable simpatía por un producto que nunca intenta ocultar lo que es: una clásica y perfectamente ensamblada peli de monstruos con aroma, tacto y presencia de la serie B más clásica y necesaria. La que sólo busca ofrecer ochenta minutos de entretenimiento pseudo-terrorífico.
‘Bats’ es una película ejemplar en cuanto a ritmo y diversión (con el apetitoso extra de estar protagonizada por Dina Meyer), que va al grano y no reniega de ni uno sólo de los tópicos de las pelís de género, los cuales integra en la historia con una fluidez y un sentido del humor entrañables. Serie B, sin complejos para gente sin complejos capaz de disfrutar de una buena carnicería de murciélagos carnívoros.
Como curiosidad añadir que el guión es de John Logan, luego popular gracias a los libretos para ‘Gladiator’ o ‘The Aviator’. Y encima sale Lou Diamond Phillips…
Spector
Una vez más, nos encontramos con otra propuesta fallida en el cine de terror patrio. Isidro Ortiz, en las labores de dirección, junto con Hernán Migoya, Alejandro Hernandez y Jose Gamo y el propio Ortiz al guión, se muestran incapaces de, al alimón, contar una historia. Un guión fallido cuya base argumental, donde reside el elemento terrorífico, está demasiado rebuscada y se antoja gratuita, como buscando epatar con una idea sorprendente, pero que no deja de ser artificiosa e inverosímil en su planteamiento. La excusa del personaje principal, aquejado de una enfermedad que le impide la exposición al sol e interpretado por un hiperventilado Junio Valverde, es prácticamente irrelevante para la trama de la película, al igual que la figura del padre ausente, fallida en su voluntad de generar tensión dramática. De igual modo, el supuestamente sorprendente giro final, es previsible y, cuanto menos, imbécil. En resumen, una pelicula avergonzante y vergonzosa en una gran parte de su metraje, que no sabe si jugar con las convenciones del terror, el slasher, el thriller rural o la comedia; y, donde la aportación dramática de los personajes aparece de manera gratuíta.
Milgrom
Que el post-rock es un estilo que peca de clichés es algo sabido por todos. En algunas canciones poco inspiradas del género la atmósfera onírica se diluye en paisajes poco concretos. El superar esto no reside en una cuestión de barroquismo, sino de continua genialidad, pues el artista que trabaja con la sencillez ha de estar siempre al máximo, so pena de convertir su obra en mera anécdota para pasar el rato. The Samuel Jackson Five saben esto y deciden trascender el post-rock, sin la necesidad de introducir miles de intrumentos o sabores. Aquí la clave es no rellenar ni un minuto del disco. La premisa es que para preparar el crescendo post-rockero no es necesario el tedio; esos fragmentos son y han de ser igual de intensos que las explosiones. Ellos mismos parodian (con amor pues gustan de ella como placer mundano) la monotonía post-rockera y en su myspace se puede encontrar alguna grabación en directo de post-rock del montón. Sin desmerecer a los geniales GY!BE, Explosions in the sky o God is an astronaut, si tuviera que llevarme al exilio un disco del palo sería éste sin lugar a dudas.
Portrait
Indisimulada relectura de ‘Risky Business’ acorde a los nuevos tiempos, ‘The Girl Next Door’ le debe quizás demasiado al film de Paul Brickman. Si su referente triunfaba escapando a su corsé de película universitaria, imprimiéndole apuntes de existencialismo y angst adolescentes mediante una calculada tensión, ésta también lo hace, aunque de un modo menos incisivo, algo aleatorio incluso. Si en 1983 era Rebecca De Mornay quien turbaba la organizada agenda del imberbe protagonista, aquí lo hace la turgente Elisha Cuthbert. ¿Remake encubierto? ¿Reivindicación necesaria? En cualquier caso la mala recepción que obtuvo, fruto de ciertos prejuicios firmemente anclados, acentúa el paralelismo con ‘Risky Business’, quedando ambas como rarezas con cierto toque atemporal… pese a la inevitable representación de una época y un lugar que ofrecen; pero la prueba definitiva que la emparenta a ‘Risky Business’ está en la escena donde el protagonista descubre a su nueva vecina, así como en esas ensoñaciones catastróficas que le asaltan constantemente. Y un último y definitivo paralelismo: su tono cómico salpicado con apuntes más o menos dramáticos, aunque aquí estos palidecen frente al fino cinismo que recorría la película de Brickman.
Mario Vírico
Ian Anderson tiene una curiosa tendencia no estricta y seguro que inconsciente de cambiar de estilo cada tres discos aproximadamente. ‘Songs from the Wood’ abrió una trilogía con fuerte influencia del folklore inglés, y el resultado fue, posiblemente, el mejor trabajo de folk progresivo que he escuchado. A diferencia de los exitosos Steeleye Span o Fairport Convention, Jethro Tull aportó un sonido más rico y un mayor equilibrio entre lo lírico y lo agresivo. Mientras que la mayor parte de los grupos de folk rock se dedicaban principalmente a interpretar melodías con aire tradicional ejecutadas con algunos instrumentos modernos, Anderson se esmeró en componer desde el punto de vista progresivo. Esto es, consiguió hermanar la sencillez del folk con estructuras mucho más complejas.
En el apartado lírico, no recurrió a textos tradicionales, sino que más bien adaptó todo su conocimiento de la cultura antigua británica (y medieval en general) a su universo personal, uniendo todo tipo de temas (paganismo en ‘Ring Out Solstice Bells’, amor con serranas en ‘Hunting Girl’ o mitología en ‘Jack-in-the Green’) con la reflexión sobre su propia figura como un nuevo juglar, algo que ya abordó en el también muy recomendable ‘Minstrel in the Gallery’.
Anderson continuaría el legado de este LP con ‘Heavy Horses’ y, en menor medida, con ‘Stormwatch’. El fallecimiento del excelente Glen Cornick llevaría a la incorporación al grupo de Dave Pegg , integrante de Fairport Convention, que llegaría a declarar: “Como grupo de folk, Tull fue mucho más exitoso de lo que Fairport ha sido nunca”. Y eso que sólo fueron tres discos…
Paco Fox
La plasticidad del noveno arte y la cinética del videojuego resultan en un nuevo espacio visual, y si somos valientes reconoceremos la renovación del lenguaje cinematográfico en pos de una sociedad del espectáculo necesitada de nuevos contornos estéticos en los que poder situar las metáforas de nuestro tiempo. ¿Qué es ‘Speed Racer’?. Luz, contraste, color, sintaxis, textura y ritmo centelleante, narración sincopada en imágenes que se agolpan briosas para formar la textura. Contenido y sentimiento; la última carrera, desde el apabullante movimiento que nos trae la infografía, sintetiza la victoria final del linaje Speed como un triunfo simbólico de los ideales de nobleza y belleza sobre el poder mercantilista que pretende imponer el dictado de las grandes corporaciones. Existe una épica arrolladora que puede palparse entre el ruido tecnológico y la embriaguez cromática.Y si el tiempo da y quita razones permanecerá en todos los paladares sensibles su atrevida mirada posmoderna y su capacidad de rejuvenecer al espectador que sabe entrar en el juego.
José A. Peig
Primer disco de esta banda galesa de Cardiff, de 7 miembros: 5 chicas y 2 chicos que se autodenominan entre ellos, al ramoniano estilo, como Los Campesinos! (ha de sonarles curioso el castellano para elegir tan poco glamuroso nombre, sin duda) y que ha supuesto, para mi persona, una revitalización de mis valores pop que ya creía olvidados. Seguramente el grupo ni tan siquiera llegue a ser un hype de temporada, pero la maravillosa conjunción en barroca instrumentalización de teclados, guitarras, xilófonos, voces masculinas y femeninas y, lo que es más importante en un grupo pop, melodías tatareables e infecciosas que se instalan en tu cabeza y que te dan ganas de salir al campo, quedarte en pelotas y sentir la hierba cosquillear tu cuerpo mientras te dejas caer rodando.


















