Minimalista y hermosa declaración de amor a la música y a la necesidad de la complicidad, narrada en clave semidocumental y diegética, ‘Once’ es un caso atípico: todo lo bueno que puedan leer sobre ella es cierto. Se aparta del manido esquema de comedia romántica en el que todos podemos pensar nada más ver el cartel, para adentrarse en terrenos más áridos y realistas en los que una bella historia de amor no tiene por qué coronarse con un beso bajo la lluvia. Una mirada atípica, pues, sobre los postulados del ‘boy-meets-girl’, que además es más que eso: un retrato poderoso e íntimo sobre la soledad del artista y cómo necesita el desamparo para sentirse creativo y útil, sobre su incapacidad para plegarse a una vida normal y sobre el modo en el que lo correcto y lo práctico ganan la batalla a lo idílico.
PJ Tena
No es el capricho personalista de Zach Braff, esto se advierte cuando Braff se usa a sí mismo como saco de boxeo, y eso es algo que queda de manifiesto desde la primera escena. Es cierto que el resto de ‘Garden State’ divaga alrededor de males generacionales, tragedias personales y deseos oscilantes. Pero Braff escribe, dirige e interpreta con la convicción de un inocente. La pretensión revolotea, también es cierto, pero existen una franqueza y honradez hirientes en la sustancia del film, así como en ese protagonista alienado que vuelve a su ciudad natal. Braff aporta una mirada extrañada pero lúcida desde su triplete, y no duda en preparar un desenlace lleno de relámpagos románticos, uno que llama al desconcierto por su valiente fiesta de tópicos. Un talento de veras extraño, virtud fácil de apreciar en ese prisma que se columpia entre una rigurosa contemplación de las emociones y el peso de esa estupidez contemporánea y velada.
Mario Vírico





