En el moderno mundo de las composiciones cinematográficas en el que están John Williams y luego todos los demás, con ligera ventaja de James Newton Howard, y en el que se repiten más o menos de forma constante las mismas fórmulas adecuándose a según qué géneros, la aparición de John Powell ha supuesto un inesperado chorro de aire fresco. Alejado de los tics y modos de su maestro y compañeros de fátigas (Hans Zimmer y su Media Ventures), Powell ha conseguido crear un sonido personal, inconfundible y terriblemente original que luce en todo su esplendor en sus partituras para películas de acción.
Su gran despunte fue con ‘The Bourne identity’, a partir de entonces se ha repartido entre películas de acción como ‘The italian job’, ‘Paycheck’ (probablemente su obra maestra), ‘X-Men 3′ o las secuelas de Bourne; el cine de animación (‘Ice age 2′, ‘Robots’, ‘Horton’) y el cine romanticón (‘Two weeks notice’, ‘PS I love you’).
Ahora, en su sexta bso en lo que va de año (¡sexta!), Powell vuelve con ‘Hancock’ al estilo en el que más despunta. Retomando sus peculiares orquestaciones y añadiéndole un toque de humor, el refrescante sonido de esta banda sonora deleitará por igual a los fans del cine de acción como a los de la buena música en general.
Spector
La revolución era esto: un Chris Martin en pleno subidón de egotrip se alía con Brian Eno, abraza la grandilocuencia vacua de Bono, digiere mal a los Blur más experimentales y, en algunos momentos, se reformula como un Thom Yorke exasperado (y exasperante). “Viva la Vida” es una excentricidad tan autoconsciente que pasa directamente a ser una impostura, casi una parodia involuntaria (modelo “Saturday Night Live”) de la vertiente más pretenciosa rock alternativo. Los nuevos Coldplay se postulan como los Delacroix del mainstream para la próxima década, pero hay algo que no ha cambiado: la querencia por la obviedad del Martin compositor, que en cortes como “Lovers in Japan/Reigns of Love” se atreve a presentar la metáfora ‘amantes = soldados’ como si fuera novísima. Más que un disco vitalista, “Viva la Vida” es una invitación al suicidio.
Noel Burgundy
Jamie Lidell debería ser considerado el médium del Soul: con su voz y sus sonidos revive lo mejor de la música afroamericana y consigue que sus canciones suenen como lo hubieran hecho de haber sido grabadas en los 60, 70 o los primeros 80. Abandona lo poco que quedaba de música electrónica en su anterior y bello ‘Multiply’ y se entrega al cien por cien al soul y el funk más fiestero y contagioso, con bombas como ‘Hurricane’ o ‘Little bit of feel good’ que podrían venir firmadas por Parliament, sedosos medios tiempos como las elegantísimas ‘Green Light’ y ‘All I wanna do’, sin dejar atrás temas que parecen tocados por la energía sobrenatural de Otis Redding y los Bar-Kays como ‘Wait for me’ y ‘Out of my system’. Los diez cortes conforman un álbum imprescindible que nos hace pensar tanto en el Stevie Wonder de ‘Up-Tight’ como en el de ‘Innervisions’, pero que además funciona más allá de sus referentes y adquiere personalidad propia como joya sin aristas desde que arranca ‘Another day‘, que es por sí misma toda una invitación hacia el puro gozo auditivo.
PJ Tena






